Libro incompleto

Café tazaSentado en la mesa de un café consume lentamente su vida carente de emociones, plena de monotonía. Sus pensamientos vagan en torno a antiguos recuerdos a los que se aferra, como el náufrago a una tabla, en el vacío océano de su vida. Se apaga como el cigarrillo olvidado en el cenicero, lentamente, recreándose en su fin, mientras entabla un diálogo con la taza, a la que se dirige melancólicamente, para descargar en ella la amargura que rebosa de su alma, como la espuma de una jarra de cerveza. La acerca de vez en cuando a los labios para tomar pausadamente su contenido, de una forma ritual, hierática, besándola suavemente. Materialización de la amada inexistente.

Contempla a las personas que se mueven a su alrededor buscando, siempre buscando ese amor que nunca llega. Sus ojos se fijan, ávidos, en las muchachas que pasan presurosas al otro lado del cristal, en las que se detienen en el semáforo cerrado al otro lado de la calle. Se fija en una, y en ese momento, comienza a forjarse una ilusión, una historia al margen de la historia, que sabe nunca ocurrirá. Refleja en ella sus anhelos, sus ilusiones, imaginándola con un carácter dulce y voz melodiosa, tal y como desea que tenga. La ve cruzar, entrar en la cafetería y sentarse en una mesa paseando sus ojos por el local. Siente como se cruza su mirada y entablan un mudo diálogo que, sin saber como, les reúne en la misma mesa y, por un momento, ella reclina la cabeza sobre su hombro y siente como su mano acaricia un pelo sedoso de color indefinido.

La riada de vehículos se detiene, formando un muro de brillantes carrocerías, a lo largo del paso de peatones. La gente cruza, el hechizo se rompe y ella desaparece, con andar apresurado, entre un mar de cabezas. Nuevamente la realidad retorna sombría a su alrededor, y melancólicamente piensa que ya no recuerda el sabor de un beso.

Vuelve a mirar el semáforo y nuevamente comienza el proceso. En alguna ocasión ve una pareja que se encuentra y siente una punzada en el corazón, notando que algo se ha roto en su interior, algo que siempre trata de ocultar. Con gesto pausado se esconde tras la taza para ocultar algún destello de sus ojos, o una expresión de su rostro que pueda delatar sus sentimientos, y ya sereno, una sonrisa, cargada de amargura, relaja un tanto su hermética expresión, cuando surgen en su mente miles de argumentos, vacíos de todo sentido, que pretenden ocultar aquello que ha estado a punto de reconocer y desvelar a los demás por la expresión de su cara, sin saber que ésta ha permanecido y permanece inmutable sin que, en ningún momento, se hayan alterado sus facciones.

Como una marioneta, cuyos hilos mueve su voluntad, sonríe, se mueve a impulsos de la situación demostrando, cuando entra algún conocido, una alegría que está muy lejos de sentir, una autosuficiencia, insuficiente todas luces, que le hace pasar ante los demás como una persona inmune a los problemas, y le permite refugiarse en su mundo interior, en medio de un ambiente de indiferencia.

Coraza de hierro para alma de vidrio, ídolo de bronce con pies de barro, pasa por la vida como un suspiro, como una palabra vana que se escucha y se olvida.

F. Javier Campos, mayo de 1969

Espero que esta publicación te haya gustado. Si es así pulsa me gusta y si tienes alguna duda, consulta o quieres complementar este post, no dudes en escribir en la zona de comentarios.
Sigueme en: www.elarcadedionisos.es
Spread the love

Deja un comentario