Verde, azul y negro

foto-de-luna-llena-y-el-marVerde, azul y negro. El monólogo eterno continua. La Luna brilla en el cielo y su reflejo me señala como un dedo acusador. El camino se muestra claro y mis alas comienzan a vibrar libres.

Persigo una ilusión inalcanzable y lo sé, pero no me importa. La ilusión muere; y renace con la misma intensidad de siempre después del invierno del alma.

¡Libre! Por fin libre de trabas y ataduras, las alas baten y comienzo a volar. Me remonto cabalgando la leve brisa, acercándome a la Luna, mientras el tiempo se expande hasta comprimirse en la punta de mis alas.

¡Demasiado cerca! ¡Demasiado alto! Me falta aire y me precipito al suelo.

Verde, azul y negro. El monólogo eterno continua, pero ya no es monólogo si no diálogo. Contemplo el mar en su constante devenir, mientras juego con la arena de la playa. El reflejo de la luna aparece ante mí como un camino que se pierde en el horizonte hacia mi interior. El mundo se expande hasta comprimirse dentro de mí.

¡Demasiado amplio!¡Demasiado lleno! Me faltan las fuerzas y estallo como una pompa de jabón.

Verde, azul y negro. Un momento, una emoción comprimida en una lágrima negra. Un grano de arena besado por el mar en su canto inaudible para el animal hombre.

El papel, por un momento, se ha convertido en el dedo blanco de la Luna sobre el mar.

He querido abarcar demasiado al tratar encerrar, en las líneas trazadas sobre el papel por un bolígrafo prestado, un sueño verde, azul y negro, mar, cielo y playa que la blanca espuma de una ola borra de la arena. Arena en la que enterré mi sueño verde, azul y negro.

Fco. Javier Campos, Torre del Mar, abril de 1972

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