Sin responsabilidad no hay felicidad posible.

emote-1299362_960_720El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define “responsabilidad” como: Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.

La responsabilidad consiste en asumir y aceptar las consecuencias de nuestras decisiones. Esto implica que para poder ser responsable tenemos que ser libres para elegir. En resumidas cuentas, debemos tener diversas opciones entre las que elegir.

En la sociedad en que vivimos, la libertad es el más preciado bien que tenemos, el que más defendemos y el que más reclamamos. El problema reside en que, en muchos momentos, no sabemos que hacer con esa libertad y paradójicamente, en muchos momentos de la vida preferiríamos no tenerla o no haberla tenido ya que la libertad nos enfrenta a nuestro peor enemigo, nosotros mismos, que es a los únicos a quienes no podemos engañar, aunque lo intentemos con inusitado empeño porque, en nuestra soberbia, nos negamos a admitir que, en la inmensa mayoría de los casos, la culpa de lo que nos ocurre es nuestra.

Son nuestras decisiones las que conforman nuestra vida y estas decisiones, estemos o no capacitados para tomarlas, no tienen vuelta atrás. No existe un botón de replay que nos permita comenzar de nuevo, lo cual no es malo, porque aprendemos más de nuestros errores que de nuestros éxitos si los aceptamos con ecuanimidad. Todos sabemos lo que realmente queremos, no lo que los demás dicen que debemos querer y conocemos nuestras capacidades, nuestras fortalezas y debilidades. Sabemos como somos y que deseamos, pero para conseguilo debemos ser sinceros con nosotros mismos (cosa que raramente hacemos) y hacer frente a la realidad, porque todas y cada una de las decisiones que tomamos determinan la siguiente decisión a tomar. Podríamos comparar el curso de nuestra vida con una red de carreteras, cada cierto tiempo aparecen bifurcaciones en las que tenemos que decidir por que camino seguir. Unas nos llevan por caminos por los que resulta cómodo conducir y otras por trochas embarradas que nos amargan la conducción. La decisión sobre el camino elegido es nuestra, nadie puede tomarla por nosotros y de hecho, somos siempre nosotros quienes la tomamos.

Lo malo del asunto es que, resulta más aceptable echar la culpa de nuestros errores a circunstancias o personas externas que, de alguna manera, nos obligaron a tomarlas, que reconocer que fuimos nosotros quienes nos equivocamos. En todos los aspectos de nuestra vida las decisiones que tomamos son solo nuestras, siempre tenemos opción para elegir otro camino, pero para tomarlas debemos sopesar, analizar las posibles consecuencias, estando a la vez dispuestos a aceptarlas. De esta forma nos seguiremos equivocando en muchas de ellas, es un hacho obvio, pero aceptando que el error es nuestro, estaremos preparados para rectificar y reconducir nuestra vida por el camino que queremos.

No aceptar nuestras responsabilidades solo nos conduce a un estado de perpetua infelicidad, porque no podemos engañarnos a nosotros mismos, que es con quien únicamente viviremos siempre y siempre, de una forma u otra, nos estará recordando nuestros errores.

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