Un esqueleto junto al río

3Lo vi al pasar, abandonado en un solar junto al río, con las costillas al aire apenas cubiertas por unos jirones de piel cuarteada por la prolongada permanencia a la intemperie y le reconocí al momento.

Una sensación de indescriptible pena se enroscó en mi garganta, mientras los recuerdos, recuerdos de historias vividas, de historias contadas que se perdían en la profundidad del tiempo junto con las historias soñadas que jamás ocurrieron, se agolpaban en mi mente, brillando un momento y desapareciendo para ser sustituidos inmediatamente por otros, como si de un espectáculo de fuegos de artificio se tratara.

Me invadieron los colores y aromas del sudor, del trabajo, de la necesidad, del carnaval, de la madera, del amor, de esperanzas y desesperanzas, de la sal, de la luz…, del mar. Rememoré los sueños, las ilusiones que formaban parte del equipaje de un joven que llegó a estos mares desde la meseta y encontró un mundo diferente, un paraíso perdido a la vista de todos.

Recordé el impacto que me produjeron sus gentes, el señorío y socarronería de los hombres y la belleza intemporal de las mujeres. La placidez de una vida sin prisas pero sin pausas, desconocida hasta el momento para mi, pero, sobre todo, me impresionó él.

Cuando le conocí ya era viejo, viejo pero no decrépito. Depositario de una antigua tradición legada por sus antepasados, realizaba orgulloso su trabajo, con un garbo inigualable que hacía que todos a su paso, volvieran la cabeza para mirarlo, hasta el punto de haberse convertido en un símbolo, el símbolo, de la ciudad.

Con él fui al carnaval, tomé copas las noches de verano y con él descubrí que bello es el mar, sobre todo si estás acompañado por una bella mujer, la emoción del roce furtivo de unas manos y el sabor de un beso inesperado.

Descubrí los colores de la canción que toca al piano un amigo, un pasodoble que comienza:

El Vaporcito en la actualidad

El Vaporcito en la actualidad

Viene a esta tierra un barquito
más típico no lo hay
más blanco ni más bonito
en «toito» el muelle de Cai.

Un pasodoble compuesto por Paco Alba y dedicado al Vaporcito de El Puerto que, cuando escucho ahora, me recuerda las serpientes que habitan en el Edén. La modernidad, la economía y las prisas, que han propiciado el abandono en un solar a orillas del Guadalete, de los restos del Adriano III, otrora símbolo de El Puerto de Santa María, declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía.

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