Los Caballeros de la Iglesia

Capítulo IV – La formación eclesiástica

(Voy de sorpresa en sorpresa)
Mapa de la Confederación de Erkendia

Mapa de la Confederación de Erkendia

La comida, en la que apenas probamos bocado, nos resultó eterna, tal era nuestra impaciencia por conocer las revelaciones del Prior y podría haber resultado peor ya que nos sentamos en la mesa en que veníamos haciéndolo desde nuestra llegada, pero del grupo inicial solo quedábamos cuatro y notábamos el vacío que dejaba la ausencia de nuestros hasta entonces compañeros, si no hubiese sido porque ese vacío pronto se llenó con hermanos que querían conocernos, se interesaban por nuestras vidas antes de que aceptáramos formar parte de la Orden y bromeaban con nosotros, diciéndonos que no éramos conscientes de la dureza de la vida que habíamos elegido, cosa que nos pareció exagerada, a tenor de lo que conocíamos por el tiempo pasado allí.

Una vez terminado el almuerzo, fuimos presurosos a la sala capitular donde, como nos había anunciado, nos esperaba el Prior, acompañado de los cuatro hermanos que habían presidido junto a él la ceremonia de nuestro ingreso, aunque ahora ninguno de ellos llevaba el medallón que habían lucido en el estrado y por el preceptor Bhörje. Al vernos entrar nos dijo:

—Pasad y sentaros hermanos, supongo que estaréis impacientes por conocer cuales van a ser vuestras tareas y funciones en la Orden.

—Por supuesto Prior, creo que hablo en nombre de todos al decir que la curiosidad nos consume— Me apresuré a responder.

— Jannirèll, se que Ornj os explicó esta mañana que en la iglesia todos somos iguales, cuando me dirijo a vosotros como hermanos, es porque sois mis hermanos, mis iguales y lo hago utilizando la palabra hermano en sentido literal, pues somos una familia y como en una familia, cuando me dirijo al grupo digo hermanos y cuando lo hago a alguien en particular utilizo su nombre y vosotros debéis hacer lo mismo, ¿de acuerdo?

Todos respondimos que sí y Erlhènj, como le llamaríamos desde ese momento, prosiguió:

—En primer lugar quiero presentaros a BhØrsemaker , Riddarej , TrØllkarl y Språkj— dijo señalándolos uno a uno y continuó —Que junto con Bhörje, a quién ya conocéis, serán vuestros preceptores en las distintas materias que debéis conocer y cuyo aprendizaje será, a partir de este momento, vuestra tarea fundamental y a la que dedicaréis la mayor parte del tiempo.

Dicho esto, hizo una pequeña pausa para ordenar sus pensamientos y darnos tiempo para asimilar sus palabras y continuó:

—Todos vosotros poseéis amplios conocimientos sobre historia, matemáticas, astronomía, geometría, literatura y más generales sobre geografía que os proporcionaron los Clariones, y todos vosotros sois ganestrianisk. Por ello y antes de pasar a otras explicaciones, voy a repasar someramente la geografía de nuestro mundo.

Comenzó entonces a explicar que la Confederación de Erkendia, de la que Ganestria formaba parte, se encontraba en la parte sudoccidental del continente Valknnükisk, limitada al Este por la Cordillera Bealjehkh, cuyos picos tenían una altura media de treinta cadenasy que sus picos más altos eran el monte Storsylen, a cuyos pies se encontraba el convento, con casi cuarenta y ocho cadenas y el Storsola, con poco más de cuarenta y cinco cadenas de altura respectivamente; al Norte por el mar de Mârhav, en realidad una parte más de océano Störhav, que nos separaba de Markhöntsatt y al Oeste y al Sur, por el citado océano Störhav. Nuestra privilegiada situación, debido a que nuestras fronteras naturales, prácticamente, nos aislaban del resto de las tierras del continente, había permitido el desarrollo de unas sociedades prósperas cuyas economías se basaban en producciones diferentes y complementarias entre si: Ganestria en la agricultura, Dönhar en el comercio, Haddark en la pesca, Jhönnull en la ganadería y Torvork en la madera que extraía de sus inmensos bosques. Tras exponer estos datos, de sobra conocidos por todos nosotros, hizo una pausa y nos dijo:

—Todo esto, en cuya consecución la Iglesia ha sido pieza fundamental, es de sobra conocido por vosotros, mi pregunta ahora es ¿Que sabéis de la Iglesia?

Un silencio incomodo siguió a estas palabras y sorprendidos, nos dimos cuenta de que en realidad, no sabíamos nada de la Iglesia, salvo el hecho de su mera existencia. Salvo la existencia de cenobios y conventos conocida por todos, del resto no sabíamos absolutamente nada.

Pasados unos instantes de reflexión, Melhiker se atrevió a responder:

—Sabemos lo que dicen las leyendas que nos hablan de la existencia el el pasado de caballeros y magos de la Iglesia y de sus hazañas, pero no son más que eso, leyendas; conocemos también lo que hemos vivido tanto en el cenobio como ahora en el convento, pero aparte de eso no conocemos nada más.

Erlhènj, ante la candidez y sinceridad de la respuesta de Melhiker, sonrió y dijo:

—Vuestro desconocimiento es una prueba palpable de que estamos realizando bien nuestra labor.

Al ver nuestras caras de asombro ante tal afirmación, todos los presentes, salvo nosotros, sonrieron haciendo gestos afirmativos con la cabeza y Bhörje intervino para explicarnos que tras muchos años, muchos más de los que podíamos suponer y tras muchos fracasos en el intento de cumplir con su labor, la Iglesia había comprendido que la mejor forma de llevarla a cabo era seguir el ejemplo de nuestro dios Jötnar y no interferir, o interferir lo menos posible y siempre con suma discreción en el devenir de los acontecimientos que ocurrían en la vida de los habitantes de la Confederación, limitando su actuación pública a la de formadores, labor en la que tenían reconocido prestigio, pero por lo demás, todos los centros de la Iglesia eran autosuficientes gracias al trabajo de los hermanos que en ellos vivían, colaboraban, mediante el pago de los mismos impuestos que cualquier otro ciudadano, al sostenimiento y desarrollo de la economía de la Confederación y no tenían prebendas de ningún tipo. Esto junto a su vida sencilla de trabajo, había conseguido que fueran plenamente aceptados y muy respetados por la comunidad, sin generar envidias ni curiosidad alguna por su existencia. Todos nosotros deseamos que las cosas sigan así por mucho tiempo.

Cuando Bhörje concluyó sus palabras, el Prior Erlhènj nos miró fijamente y dijo:

—¡Efectivamente! Todo lo que ha dicho Bhörje es cierto y como él todos deseamos que las cosas continúen así por mucho tiempo, pero… Melhiker, en una cosa estás equivocado. Las leyendas no son solo leyendas, los Caballeros de la Iglesia existen y los magos también. Ese es el motivo por el que los clariones os enviaron a nuestra Orden y a este convento perdido en los confines de la Confederación, ya que nosotros somos quienes nos encargamos de la formación de caballeros y magos y vosotros fuisteis elegidos por ellos para serlo.

1Cadena: Longitud de la cadena de medir terreno,igual a 20 rods, equivalente a 100 m. 30 cadenas equivalen a 3000 m aproximadamente.

Continuará
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